Especial: #NoSomosLosMismos

La cadena de producción de alimentos en tiempos de pandemia

Crossmedia Lab
Escrito por Crossmedia Lab

Por: Elian Panqueba & Diego Bautista

CossmediaLab – Universidad Jorge Tadeo Lozano

El campo

Bajo el sol abrumador y varias horas de trabajo, los cultivos que se producen en la tierra son conservados y tratados de la mejor forma posible. De esta manera contribuyen a mantener un control frente a la producción y plantación de productos agrícolas que, a lo largo de los años, nos han otorgado bienes y servicios para la mayoría de la población mundial, siendo disfrutados por su sabor, color y sazón, se trata de varios cultivos sembrados en las tierras de distintas veredas lejanas de los pueblos y ciudades, pero que, sin embargo, han sido distribuidos y exportados para mantener la insignia de lo que verdaderamente es cosechado por el campo.


Los distintos cultivadores son los que suelen estar encargados del suelo y la producción de tierras para la creación de alimentos, pues tienden a desarrollar su trabajo de la forma más correcta y rápida posible, ya que han tratado de contribuir a que cada alimento agrícola que brinda la tierra, tenga la mejor producción y el mejor ambiente posible, pues en ocasiones tienden a salir descompuestos debido a la poca sostenibilidad que prestan los suelos o al mal procedimiento que se les otorga.

A tan solo 149.8 kilómetros de la ciudad de Bogotá, se encontraba Iván Rojas, un sembrador de las tierras boyacenses que, a sus 44 años, ha comprendido y desarrollado distintas maneras de cosechar alimentos agrícolas, pues a su corta edad fue aprendiendo lo básico y emprendiendo los pasos de ser un buen cultivador como lo era su padre y sus demás familiares. Ivàn, como todo agricultor, tiene un campo lleno de sus propios productos, él se especializa en cosechar papa, maìz, trigo y cebada.

En su campo también se pueden apreciar unas vacas, con las que empieza su día de cultivo; por lo general, suele levantarse muy temprano, se arregla, se toma un tinto y suele emprender su camino por todo el campo; comienza con algunas cosas básicas, limpia la cosecha con la ayuda de un tractor, generándole ciertas horas de trabajo y agotamiento, sin embargo, su día no termina ahí. Con ayuda de algunos otros trabajadores, realiza un esparcimiento de todas las semillas por toda la tierra, esto tiende a generar un efecto muy prolongado a su reposo. Al paso de una semana se vierte el fertilizante, el cual contiene nutrientes que ayudan a estimular el crecimiento vegetativo de las plantas, manifestándose un efecto de calidad y eficiencia en los productos agrícolas.

Iván Rojas ha puesto en pausa el cultivo de sus tierras, su único sustento es
otorgado a través de lo que producen sus vacas. 

Iván Rojas suele realizar su trabajo durante 10 u 11 horas seguidas, sin embargo, a causa de la pandemia del coronavirus, no ha podido emprender su trabajo como lo es merecido para él y su familia, pues las cosechas suelen manifestar una gran pérdida y el resultado de aquellos alimentos suelen ser regalados por todas las veredas de Boyacá. Sin nada de inspiración, está a la espera de que todo pueda cambiar en su trabajo, ya que no puede vender sus productos y el dinero ya no le suele generar un sustento sostenible para mantener a su tierra y sus trabajadores, es por esto que, actualmente, según la Sociedad de Agricultores de Colombia, la tasa de desempleo del sector rural ha aumentado un 1%, esto quiere decir que actualmente está en 8.29%, debido a las falta de oportunidades que se han generado tras la llegada del virus.

La papa, el maíz, el trigo y la cebada ya no tienden a ser comercializadas como de costumbre, puesto que todo se debe a que los transportadores ya no suelen ir hasta las veredas, generando consecuencias de aglomeraciones y grandes pérdidas de producción; sin embargo, Iván tuvo la suerte de que sus últimos cultivos de papa fueron transportados hasta Bogotá, y gracias a ellos ,obtuviera algo de dinero que lo ayudará a sostener su finca y su familia por un mes más.

Escuche el sonido ambiente de un transportador.

La fábrica

Después del exhaustivo viaje por las carreteras de Colombia, donde los transportadores cumplen con su labor, finalmente el producto sacado de la tierra o de algún animal llega a la fábrica. Allí, nuestra preciada materia prima, cumple su función para transformarse en varios productos aptos para el consumo humano. La fábrica tiene esta función para limar asperezas que se puedan encontrar, muchas veces, en las toneladas de mercancía. También sirve para poder comercializar estos productos de la mejor manera; sus maquinarias y su facilidad de transformación de la materia lo hacen una parte fundamental en el proceso de la cadena de producción de alimentos, pues muchos productos que se conocen hoy en día tienen componentes del campo unidos al toque final y al aprovechamiento que las fábricas hacen de la materia conseguida del campo.

Muchas veces, la gente apuesta por construir su propia fábrica de alimentos, es por eso que allí nace una empresa familiar, llamada Quesos y Lácteos La Turquesa, constituida por los hermanos Suárez, los cuales emprendieron por la necesidad de tener un trabajo en familia. Los hermanos llevan varios años de experiencia brindando productos de alta calidad a sus clientes y vecinos, apostando al sector lechero. El esfuerzo por fabricar queso de la mejor calidad y su atención, es lo que ha constituido esta empresa familiar como una de las mejores procesadoras de queso y lácteos en la ciudad.

Ubicados en un sector residencial, en un barrio popular en el sur de Bogotá, entre la diagonal 41a sur y la calle 31, se encuentra esta fábrica. A primera vista no se identifica como tal, puesto que su ubicación es una casa del común, pero lo que llama la atención y resulta más característico de esta cuadra, es la ventana, esa ventana a mitad del primer piso que cuenta con rejas cafés por la cuales se realizan los despachos. Estas han acompañado a varias generaciones que viven y crecen a sus alrededores, muy popular entre vecinos por ser “la cuadra de los quesos”.

En esta casa, hecha procesadora de quesos, se encuentran cuartos fríos, estos cuartos son utilizados para mantener frescos los productos que aún no han sido tratados. Otro propósito de estos espacios, es el de organizar la mercancía, pues permite mantenerla refrigerada después de empacada hasta el momento de la distribución.

El momento mágico es en el momento de empacar, allí se empieza a notar el trabajo de las personas que laboran allí. En el momento de empacar, se corta el queso en diferentes proporciones, es por eso que tienen estas máquinas para cortar. Luego, las empacadoras al vacío hacen su trabajo para después poner los sellos de banda, aislando al producto final en un plástico protector, donde en su logo se encuentra la empresa de los Suárez. Ellos empacan, muy orgullosos, de tener una propia marca de quesos y lácteos. Camiones esperan fuera de este recinto para transportar a toda la ciudad, como también a nivel nacional.

El transporte

Tres y media de la mañana, un día como cualquier otro en la vida y trabajo de Héctor Alonso Bernal. Suele estar despierto desde muy temprano, y como de costumbre, el día es muy frío en las mañanas de Bogotá, sin embargo, eso no es obstáculo que impida a Héctor dirigirse hacia su camión rojo e ir directamente a la plaza de Corabastos, en donde el ambiente cambia drásticamente. Allí, entre órdenes, gritos y tintos, transportadores y coteros (como se le dice a las personas que ayudan con las cargas y descargas de los camiones) se transan a esclarecer las cuentas de uno y otro camión con los puestos de venta que los esperan.

Escuche el sonido ambiente de la Plaza de Corabastos.

Este trabajo suele estar reflejado en varias horas de cargamento, pues suele haber mucha mercancía en aquel camión: 10 bultos de papa, 20 canastas de tomate, 25 canastas de plátano maduro y distintos alimentos agrícolas dirigidos, principalmente, a varios supermercados de Bogotá. Héctor suele ir con dos auxiliares expertos en esta labor; acompañado de ellos recorre la ciudad, soportando varios obstáculos presentados en su camino: trancones, direcciones erróneas y alguno que otra prevención para no correr con la suerte de estar en un choque con otro automóvil, sin embargo, con varios años de experiencia en el trabajo y como conductor, no le toma mucho tiempo llegar con la mercancía a los sitios requeridos, fomentando así un mayor espacio y un menor peso en el vehículo de cargamento.

El día de Héctor suele ser muy agitado, además de pasar por Corabastos, suele dirigirse a 10 o 12 lugares distintos en Bogotá, tratando de que en ese tiempo pueda descansar, además de buscar almuerzos corrientes para saciar varias de sus necesidades en un día tan pesado y abrumador, sin embargo, a causa de la pandemia presentada en el planeta, su trabajo ha cambiado de una manera muy drástica, pues a la plaza que solía frecuentar, había cambiado sus maneras de ingreso tanto para comerciantes y como trabajadores.

Tras 13 años de experiencia de transportador de alimentos agrícolas, Héctor ha ido
implementando estrategias para que en un futuro su negocio sea ampliado de la
manera más económica posible. 

La Corporación de Abastos de Bogotá es una gran central para el suministro de víveres, en ella han garantizado el abastecimiento y los buenos precios para los alimentos que se consumen en Bogotá y en los distintos municipios vecinos. Allí se han implementado diferentes estrategias para prevenir el contagio, sus puestos de trabajo ya no suelen cerrar tan tarde como de costumbre y el tiempo que suele quedar sola la plaza es para realizar un aseo riguroso a cada rincón y espacio de aquellas instalaciones, sin embargo, esto ha causado diversas problemáticas, debido a que la economía de este lugar ya no suele ser tan sostenible como antes, pues varias personas tienden a generar cierto miedo a estar expuestas ante la multitud que se solía presentar.

Héctor ha decidido tomar ciertas precauciones que le han permitido seguir con su trabajo. Un tapabocas, guantes de nitrilo y un desinfectante le han dado una solución para prevenir el virus, además de tener un conocimiento más claro frente al tema.

Esto le genera cierta preocupación, pues su familia tiende a estar muy pendiente de lo que él hace, ya que su trabajo actualmente es la única fuente de ingreso que les permite tener un nivel de vida adecuado, sin la necesidad de verse afectado por necesidades cotidianas en el mundo.

El supermercado

Era el año 1991, los sueños para la familia Ávila eran muy persistentes, pero tenían certeza de que con el pasar del tiempo y con esfuerzo se convertirían en realidad. Un supermercado era lo que soñaban, tanto Mauricio como su esposa. En ese entonces ya eran profesionales de aquella labor y encontraban en el negocio una salida a todos sus problemas, con una hija pequeña en brazos y un bebé en camino, el sueño se percibía como algo inalcanzable, sin embargo, ese pensamiento no era el de ellos, cada día trataban de que aquello se hiciera realidad. Y así, poco a poco, encontraron un pequeño lote en la localidad de Suba que se convertiría en su hogar y sustento diario para subsistir.

Escuche la entrevista realizada a Daniel Ávila, trabajador del supermercado Chinquinquireño.

Fue llamado supermercado Chiquinquireño, y con el pasar de los días y años, fue acogido por muchas personas del sector. Diariamente, aquel sitio se convirtió en uno de los más frecuentados, la mercancía que solía llegar era la más pura y bonita, así que no existía ningún impedimento para que las ganancia se vieran afectadas. Daniel Ávila era uno de los más pequeños y maduros de la familia, y para ayudar con algunos gastos de su hogar, su padre le ofreció un pequeño puesto, en donde su principal objetivo se basaba en realizar múltiples actividades, algunas forzosas y otras que implicaban manejar la caja sentado, trataba de que todo funcionara a la normalidad y de que su trabajo y su sueldo fueran aumentando.

Con la llegada de la Covid-19, todo fue cambiando drásticamente, los clientes fueron disminuyendo, la mercancía ya no solía llegar completa o alguna que otra vez llegaban alimentos descompuestos, que lo único que quedaba para sacarle provecho, era venderlos a un costo más barato para los clientes fieles y no fieles de aquel supermercado. Mauricio tenía que encontrar una estrategia para poder afrontar aquella problemática presentada en el mundo y que el trabajo de 30 años siguiera operando de la mejor manera.

Escuche el sonido ambiente del supermercado.

Tal como lo afirman en el libro: El estado mundial de la agricultura y la alimentación, la agroindustria ya es un sector importante en muchas economías basadas en la agricultura. La elaboración de alimentos y bebidas representan un 30% y un 50% del valor añadido total, esto quiere decir que va aumentado la producción agrícola considerablemente, reforzando la seguridad alimentaria mundial y se han respaldado a transformaciones estructurales que han traído prosperidad a gran parte de la población mundial.

Era muy importante que aquel problema en su local se pudiera solucionar, implementado varios comunicados que hicieran concientizar a las personas a entrar ordenadamente y con sus debido tapa bocas, generando así para Mauricio y Daniel, una gran estrategia de adquisición y comunicación con el cliente, sin embargo, esto no solucionaba todos sus problemas económicos, aún quedaba el control manifestado por la Policía Nacional de cerrar los negocios antes de las ocho de la noche, lo que generaba pérdidas a gran escala para su local.

Todo se estaba convirtiendo en un gran problema, pues el virus iba aumentando con mayor frecuencia, las noticias anunciaban que Suba era una de las localidades con mayores contagios y que aun así a las personas no les importaba andar en las calles sin mayor previsión de lo que les fuera a ocurrir para su salud. Mauricio ha tratado de acoplarse a la nueva situación, trata de que su negocio siga en pie, con esperanzas, manifiesta que el virus disminuirá y que desaparecerá, dejándonos una gran enseñanza.

Los consumidores

Mónica Romero:

En la cadena de producción siempre está aquel que al final paga por el servicio y el tratamiento que se le dio al producto, este es el consumidor final, quien evalúa la calidad y el precio para adquirirlo.

Ahí aparece Mónica Romero, quien en su supermercado de confianza encontró cambios y modificaciones en sus rutinas. La situación mundial, con la llegada de la Covid-19, no es favorable para nadie; es por esto que con la responsabilidad de una empresa grande y de nombre, se ha decidido que el personal del supermercado, que trabajaba normalmente de lunes a sábado, sea puesto en cuarentena total. Esto lo toman como una de las muchas estrategias que se debieron implementar como precaución para evitar la propagación del virus; como consecuencia de la falta de personal, la dificultad para la llegada de productos a la ciudad y la dificultad de salida que tiene la mercancía, ha bajado la producción y la venta.

Mónica Romero es estudiante de Ingeniería Ambiental, tiene la esperanza de que
muy pronto acabará esta situación, pues desea terminar sus estudios. 

Mónica, quien como la mayoría de nosotros los consumidores realiza sus compras diarias cerca de su casa, tuvo que adaptarse a una nueva realidad. Normalmente era fácil, simplemente sale de su casa, se dirige a la tienda más cercana o su preferida, si está llena no importa, está ahí pendiente para tener atención rápida por parte de los trabajadores de la tienda, mientras tanto, selecciona los productos que quiere llevar sin temor a nada, sean frutas, verduras, carnes, o hasta implementos de aseo, puede llevar la cantidad que ella desee y a buenos precios.

Todo cambió cuando se decretó la cuarentena en el país, pues ahora Mónica tiene que implementar una nueva rutina: ahora debe usar tapabocas, salir de su casa, única y estrictamente para comprar alimentos y medicamentos. Al salir, la soledad de las calles la impresiona, siente temor y vacío por el futuro. No es claro cómo terminará todo esto. Recuerda que al principio mucha gente salió a comprar todo tipo de cosas, lo que trajo desabastecimiento en algunas localidades. Hoy parece todo un poco más tranquilo, pero no se confía.

Desde este instante, Mónica, al llegar a una tienda, debe tener uso obligatorio de tapabocas o no podrá ser atendida, ya no puede entrar como desea para obtener los productos que necesita, ahora debe esperar un metro detrás de todas las personas, tiene un tiempo establecido para la compra, pues las tiendas y supermercados abren sus puertas más temprano de lo normal, para que así, tipo ocho de la noche, ya se esté cerrando.

Leidy Milena:

Las pandemia llegó y con ella diferentes retos. Las empresas han optado por diferentes vías que ofrecen a sus empleados alternativas para cumplir con su compromiso laboral. Así aparece el teletrabajo, que consiste en trabajar desde la casa, con la posibilidad de atender su labor sin tener que exponerse ante el virus dentro del transporte público o en el ambiente laboral de la empresa.

Las medidas de protección y cuidado que han utilizado los consumidores finales al
recoger sus productos agrícolas, han funcionado de la forma más estratégica y
correcta posible.

Acá es donde aparece Leidy Milena, quien, como la mayoría de personas, la virtualización se hizo una obligación más que una opción. Ahora su rutina cambió totalmente, tiene más tiempo para ella y su familia, pero también han cambiado sus horas de almuerzo, pues estando en una empresa, a la una de la tarde, salía de su oficina con sus compañeros a las zonas de restaurantes más populares de Bogotá. Ahora hay días en los que almuerza a las dos o tres de la tarde, sin tener en cuenta las labores de aseo u oficio en su casa.

Cuando no puede salir de hogar, opta por los domicilios con estas aplicaciones que están en auge, le llevan el mercado que ella seleccionó para que le llegara a la puerta de su casa, y así ahorrar tiempo para poder atender necesidades laborales que no dan tregua, al igual que las responsabilidades de su casa. En eso, en los últimos meses, se convirtió su rutina.

Es hora de jugar

En este juego se pueden encontrar diversos conceptos que están inmersos en la cadena de producción y en las diferentes historias expuestas en este especial.

Sobre el autor

Crossmedia Lab

Crossmedia Lab

El CrossmediaLab del Departamento de Comunicación Social y Cinematografía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano es un laboratorio experimental de creación de contenidos convergentes y multiformatos que apuesta por procesos de formación creativos, colaborativos y alternativos realizados entre estudiantes y profesores de la Tadeo en asociación con instituciones públicas y privadas.

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